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23.9.10

Mis(s) Ivies

Chiqui & Fripouille @ Eressos, Lesvos - Greece. 26.08.2010

I've seen pancakes smile at me, between 6am and a quarter to ten;
I've danced to the sound of the orange squeezer, hopping on one foot and showing my teeth;
I've felt lighter than air and softer as cotton between your arms, 
and I've glided out of them like I was made of breeze

I've seen the sand escape between my fingers and counted each grain on a glimpse;
I've felt the warm wind inside my favorite pj's sleeves;
I've smelled the salt in the air and I've dreamt of that magical place...once and again.

I've smiled in my dreams...and I've awaken next to them.
I've whispered millions of secrets to the pillows and made wishes to the stars.

I've become older and yet younger at heart.
I've lost a tear...and I've won a kiss.
I know right now...there's nothing I wouldn't miss.

Chiqui

7.5.10

Cambio de Estado

Picture taken @ my Parent's place in Valencia - Venezuela on a stormy Christmas afternoon (25-12-2009)

Mi maestra de segundo grado me indicaba: “los líquidos son aquellos cuerpos que toman la forma del envase que los contiene”. ¡Ay!  en esos momentos soñaba con ser agua y andar en una piscina y hacerme rectangular y grandota y quedarme inmóvil por unos minutos hasta que algún pájaro viniese a tomar unas gotitas de mi cuerpo o alguna hormiguita me confundiese con un océano gigante y decidiera aventurarse a cruzarme. Fingiría un maremoto con un movimiento leve como un estornudo y sonreiría y flotaría relajadamente al estar bajo el sol.

Pero a veces me imaginaba ser un refresco y entonces sentía estar encerrada en una botella con una chapa como gorrito y lo único que deseaba es que alguien me batiera fuertemente para poder escapar.

En esos momentos me daba cuenta que en verdad no quería ser líquido pues ese poco de burbujas me producirían muchas cosquillas al salir y pues también sería muy difícil lograr escapar de las bolitas de cristal de esas que la abuelita de Alejandra coleccionaba y que nosotras siempre agitábamos para ver como volaban las gaviotas sobre Venecia o cómo caía la nieve sobre alguna nariz de zanahoria en Nueva York.

Pero mi maestra de segundo grado me enseñó también que existían los sólidos. Me decía que eran aquellos objetos que no cambiaban su forma de manera natural y no dependían del envase que los contenía, como los árboles, como las pelotas, como la mesa en la que escribíamos o como todo lo que tocábamos en el salón de clases.

Para mí eran los menos favoritos. Si hubiese tenido que ser un sólido quizá hubiese sido plastilina, para que así al menos pudiera convertirme en muchos sólidos a la vez entre las manos de mis compañeros de clase. Sería una plastilina verde primero, y luego me uniría a una azul, le añadiría algunos toques de naranja y finalizaría con unas porciones de rojo. Pero mi maestra me dijo que esos sólidos eran complicados y que era algo que me iban a enseñar en los próximos años. Ahí supe que ni siquiera me interesaba ser sólido. Además que aun siendo plastilina, al final del día de cole terminaría siendo una bola dura y gris en manos de mis amigos y olvidada en una silla o detrás de la puerta del salón. Muy triste. Menos mal que no lo elegía.

Cuando la maestra empezó a hablar de los gases, supe lo que quería ser. Quería ser el aire, sí; siempre quise volar. Ella nos decía que los gases eran grandotes, más que el agua de las piscinas. Que también tomaban la forma del envase que los contenía pero que siempre se lograban escapar poquito a poco a través de alguna ranura. Entonces empezaba a soñar y sentirme como el aire, como el viento, como esa gran masa de una cosa invisible y fría cuando corre rápido para llegar a casa y lenta y pesadota cuando está calentita muy cerca de la playa donde no se escuchan más que gaviotas y veleros y algún perro juguetón hace salir a niños y cangrejos de sus escondites.

Además siendo aire podría rozar las mejillas de los sólidos, cargar algunas gotitas de agua bajo los arcoíris cuando lloviera y viajaría de Norte a Sur, de Este a Oeste por muchos lugares sobre la Tierra…y seguro que con suerte llegaría hasta el espacio y visitaría hasta algunos asteroides, transportaría el olor de las flores, arrastraría plumas y susurraría en los oídos de los enamorados y cuando me sintiese muy cansada me encerraría en un globo y me dejaría llevar de las manos de algún niño travieso o formaría parte de algún regalo de cumpleaños.

Todavía recuerdo ese momento en el que la maestra me llamó dos veces, por mi nombre y mis dos apellidos, me preguntó si tenía todo en mi bulto: lápiz, borrador, sacapuntas, cuaderno doble línea y la hojita con la tarea; también chequeaba mi lonchera para ver si me había comido el cambur y si me había tomado la otra mitad del jugo de parchita; revisaba si tenía engrapada la circular en mi muñeca derecha y me preguntaba qué había aprendido en el día. Yo sonreía y le decía que había aprendido que por más divertido que pudiese ser estar en una piscina todo el día y caer del cielo en forma de gotitas, y por más que me pudiese convertir en un espejo para hasta parecerme a la gente grande, nada lo cambiaría por haber aprendido a que siendo aire se podía volar a muchos sitios del mundo. En ese momento ella sonrió, me dio una palmadita en mi hombro izquierdo y guiñando su ojo me dijo “muy bien muchachita, ya sabes los estados de la materia; pero ahora es hora de despertar pues tu mami te ha venido a buscar”

No me extraña el porqué mi mami decía que a veces lloraba, bue...pataleaba, cuando me iba a recoger al colegio. Me recibía con un apurruño y un beso y me preguntaba qué había aprendido. A lo cual respondía repitiendo la misma historia deseando que se hiciera realidad.

Hoy, muchos años más tarde, me doy cuenta que, tal como lo soñé, soy tan libre como el viento y que he viajado a muchos pueblos y susurrado en muchos oídos…pero lo que realmente estoy soñando desde este rincón es volver a ese salón de segundo grado y jugar con plastilina hasta hacer bolas grises, mojarme bajo la lluvia, correr con mis amiguitos y dibujar arcoíris hasta que la tarde se acabara y mi mami me recibiera con la misma pregunta “Chiquita, ¿qué has aprendido hoy?"

-Chiqui

7.9.09

Amor en espiral



La verdad, la naturaleza y la ciencia de la luna se han juntado en complicidad para hacerme recordarte. Una y otra vez. Una y otra vez más.

Cuando no puedo inhalar otro aire que no respire a tu masculinidad, es entonces cuando prefiero ahogarme entre tu sombra y asfixiarme en tu recuerdo.

En ese momento no quiero imaginar otro espacio más abierto que el que existe entre tus brazos en simbiosis junto a los míos; y que la distancia más larga fuese la que ha de separarme de tus labios.

Los fósiles de tus versos sobre Gauguin, Baudelaire y un tal Dvorak se han unido a los vestigios de tus risas sobre copas y a tus historias sobre pueblos lejanos del más allá. Juntos viajan desde mi oreja izquierda hasta mi meñique derecho y no consiguen dejarme ir.

De ociosos pentagramas y níveas hojas se han llenado las lágrimas que suda mi pequeño y cansado corazón. Mis pupilas se han secado y mi sonrisa consiguió un nueve a cinco del cual se ha aburrido por convicción.

El otro día creí sentir tu piel. Fue un sueño dulce con un amargo despertar. Quise cerrar los ojos para volver a fantasear sobre instintos luminosos y crear excusas para verte, para escucharte hablar sobre tus planes y proyectos para luego reír por no prestarte atención.

Despertar. Otro día más. Nadar entre en un tren de gente sin movimiento ni destino. Girar en un espiral sin fin que alguna gente suele llamar rutina y que yo prefiero llamar soledad.

Entre los témpanos de mi lecho y los ecos de una ciudad en alborada me sentí una criatura mágica entre la órbita de tus reminiscencias. Lejos de tu cuerpo pero cerca de tu imaginación.

Como la miel a la abeja me profesé forzada a inmortalizarte en mi memoria como el más adicto poeta maldito que alguna vez decidió enfrentarse a declamar frente a una sirena sin voz.

31.8.09

In the middle of Know-where



I searched everywhere and I couldn’t find you. I really looked. I truly did.

I looked up to the sky and the clouds were higher than usual, so high that I even thought to be seeing the outer space flashing thru them.

I faced down to the ground and all the seeds started to shake. I felt the warm heart of the Earth breathing under the sticky soles of my shoes; and you were still not there.

I turned my head left and then right. And then slowly I started to spin around until I stopped to stare into the Far East; and all I could see was just another lemon tree.

I gazed into the Wild Wild West and yet no news but flying leafs and dusty whistling roads that didn’t show me your face.

I looked all over again. North, South, East, West and in between. I rolled, I jumped, I blinked and waived and still no sign of you.

I couldn’t even find my own way.

I sat down and cried.

It must be true what people say: lovers are always lost.