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Chiqui
In the enigmatic and fantastic universe of language

La verdad, la naturaleza y la ciencia de la luna se han juntado en complicidad para hacerme recordarte. Una y otra vez. Una y otra vez más.
Cuando no puedo inhalar otro aire que no respire a tu masculinidad, es entonces cuando prefiero ahogarme entre tu sombra y asfixiarme en tu recuerdo.
En ese momento no quiero imaginar otro espacio más abierto que el que existe entre tus brazos en simbiosis junto a los míos; y que la distancia más larga fuese la que ha de separarme de tus labios.
Los fósiles de tus versos sobre Gauguin, Baudelaire y un tal Dvorak se han unido a los vestigios de tus risas sobre copas y a tus historias sobre pueblos lejanos del más allá. Juntos viajan desde mi oreja izquierda hasta mi meñique derecho y no consiguen dejarme ir.
De ociosos pentagramas y níveas hojas se han llenado las lágrimas que suda mi pequeño y cansado corazón. Mis pupilas se han secado y mi sonrisa consiguió un nueve a cinco del cual se ha aburrido por convicción.
El otro día creí sentir tu piel. Fue un sueño dulce con un amargo despertar. Quise cerrar los ojos para volver a fantasear sobre instintos luminosos y crear excusas para verte, para escucharte hablar sobre tus planes y proyectos para luego reír por no prestarte atención.
Despertar. Otro día más. Nadar entre en un tren de gente sin movimiento ni destino. Girar en un espiral sin fin que alguna gente suele llamar rutina y que yo prefiero llamar soledad.
Entre los témpanos de mi lecho y los ecos de una ciudad en alborada me sentí una criatura mágica entre la órbita de tus reminiscencias. Lejos de tu cuerpo pero cerca de tu imaginación.
Como la miel a la abeja me profesé forzada a inmortalizarte en mi memoria como el más adicto poeta maldito que alguna vez decidió enfrentarse a declamar frente a una sirena sin voz.

I searched everywhere and I couldn’t find you. I really looked. I truly did.
I looked up to the sky and the clouds were higher than usual, so high that I even thought to be seeing the outer space flashing thru them.
I faced down to the ground and all the seeds started to shake. I felt the warm heart of the Earth breathing under the sticky soles of my shoes; and you were still not there.
I turned my head left and then right. And then slowly I started to spin around until I stopped to stare into the Far East; and all I could see was just another lemon tree.
I gazed into the Wild Wild West and yet no news but flying leafs and dusty whistling roads that didn’t show me your face.
I looked all over again. North, South, East, West and in between. I rolled, I jumped, I blinked and waived and still no sign of you.
I couldn’t even find my own way.
I sat down and cried.
It must be true what people say: lovers are always lost.